Moisés ya le había dicho al pueblo que Dios quería sus ofrendas voluntarias para que se construyera el tabernáculo. Qué gracia que Dios acepte ofrendas de un pueblo que le había desobedecido y afligido su corazón. Estas eran ofrendas voluntarias del corazón, porque el Señor ama al dador alegre (2 Co 9:6-8). La mayoría de esta riqueza tal vez vino del pueblo de Egipto, salario retrasado por todo el trabajo que los judíos hicieron para los egipcios. Era «la ofrenda a Jehová» y, por lo tanto, querían dar lo mejor. A decir verdad, dieron con tanta generosidad que Moisés tuvo que detenerlos para que no trajeran más. ¡Nos preguntamos si ese problema existe alguna vez en la iglesia de hoy!

El Espíritu Santo le dio a Bezaleel y Aholiab la sabiduría de saber qué hacer y la capacidad para hacerlo. De la misma manera Dios le ha dado dones a su pueblo hoy de modo que la Iglesia pueda ser edificada. Bezaleel y Aholiab no hicieron todo el trabajo solos, sino que enseñaron a otros que les ayudaron.

En los versículos subsiguientes Moisés nombra una por una las varias partes del tabernáculo, así como las vestiduras de los sacerdotes. Dios está interesado en cada detalle de nuestro trabajo y no minimiza ningún aspecto del mismo. El broche más pequeño de las cortinas era tan importante para Él como el altar de bronce. Si somos fieles en las cosas pequeñas, Dios puede confiarnos las cosas más grandes.

Los eruditos estiman que en la construcción del tabernáculo el pueblo usó cerca de una tonelada de oro, más de tres toneladas de plata y más de dos toneladas de bronce. ¡No fue ninguna estructura barata!

Israel llegó a Sinaí tres meses después del éxodo de Egipto, y era ahora el primer día del segundo año de su peregrinaje; de modo que transcurrieron nueve meses desde la promulgación de la ley hasta la dedicación del tabernáculo terminado. Casi tres meses de ese tiempo Moisés los pasó con Dios en el monte. Vemos entonces que la construcción del tabernáculo llevó alrededor de seis meses.

Al levantar el tabernáculo por primera vez Moisés levantó la tienda y luego, trabajando desde afuera del Lugar Santísimo, colocó los enseres en su lugar. Cuando esto se hizo, levantó el atrio exterior. Con todo en su lugar apropiado, Moisés entonces ungió la estructura y su contenido  y lo apartó para el Señor. Su acto final de dedicación fue la consagración de Aarón y los sacerdotes, a lo cual siguió la presentación de los sacrificios al Señor.

El esplendor del culto de dedicación fue la revelación de la gloria del Señor en el fuego del altar  y la nube en el tabernáculo. Sin importar cuán caro era el tabernáculo, era simplemente otra tienda si no tenía la presencia de Dios. La gloria no sólo residió en el tabernáculo, sino que guio a los israelitas en su peregrinaje. Cuando hablamos de la «gloria shekinah de Dios», nos referimos al hecho de Dios morando en el tabernáculo o en el templo. La palabra hebrea que se translitera «shekinah» significa «morada de Dios», porque la palabra hebrea shakán significa «morar».