Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

Las palabras «nuevo pacto» se encuentran una vez en el AT y seis veces en el NT. Los cristianos que celebran la Cena del Señor, pronuncian las palabras de Jesús: (1 Corintios 11:25). Pero primero debemos ver la referencia del AT para ver lo que el «nuevo pacto» quería decir para los israelitas y los judíos de hoy.

El tema común que vincula todas las promesas a Israel y a los creyentes que constituyen la iglesia es la verdadera característica del «nuevo pacto». Aunque hay elementos físicos en el nuevo pacto, en comparación al antiguo pacto hecho con Israel, el nuevo pacto es espiritual o pacto de salvación. Jesús es el mediador del nuevo pacto (Hebreos 12:24), tanto ahora como en el futuro. Un mediador reconcilia las diferencias entre dos partes, que por alguna razón, no están en acuerdo. Una mediación sería especialmente difícil entre una deidad santa y humanos pecadores. Superar diferencias y restaurar una relación de amor demandaba mucho más que discutir sobre el problema. Demandaba un sacrificio doloroso. Miremos las palabras de Jesús cuando estableció la cena del Señor.

«Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama». (Lucas 22:20).

Bajo el pacto mosaico con Israel, la sangre de un animal sacrificado era el enfoque de la ofrenda por el pecado. Pero los sacrificios por el pecado no provocaban obediencia y una relación permanente. El sacrificio por el pecado era un suceso sangriento que se repetía tomando la vida de un animal. Ese animal nunca podía ser un mediador. Pero sí lo podía ser el Hijo de Dios, y vino a la tierra voluntariamente para ser ese sacrificio permanente.

«5Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,6el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo». (1ª Timoteo 2:5-6) Escuchemos con atención la voz de nuestro mediador la próxima vez que participemos de la Santa Cena: “Este pan es mi cuerpo, que por vosotros es partido… Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (1 Corintios 11:24-25). Nuestro bendito mediador es nuestro maravilloso redentor. El «nuevo pacto» es una relación espiritual con nuestro Creador. Sin embargo la humanidad débil necesita ayuda para mantener esa comunión divina. El A T es una historia constante de los fracasos del pueblo escogido de Dios. No obstante el plan de Dios desde el principio incluía una solución para esta necesidad. Fue profetizado por el profeta Joel que escribió la promesa de Dios:

«28Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.29Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días». (Joel 2:28-29). Jesús, el mediador sabía que necesitábamos ayuda divina. Justo antes de dejar a los discípulos y regresar al Padre, Jesús prometió un Ayudador como Él mismo. «Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí». (Juan 15:26). Unos cincuenta días después, se cumplió la profecía de Joel. En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió con poder dinámico, llenando a los 120 seguidores con su presencia y hablando a través de ellos en lenguas de alabanza que todos los visitantes de tierras extranjeras entendían. Un glorioso futuro le espera al creyente lleno del Espíritu.

El fruto del Espíritu nos hace más como Jesús con quien estaremos por toda la eternidad. Los dones del Espíritu son un anticipo de la vida emocionante que viviremos por siempre. Pablo vio el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés como evidencia de una nueva era. Pablo obviamente vio al Espíritu Santo como una parte importante de la vida actual del nuevo pacto y en los acontecimientos proféticos del porvenir. Los pactos del A T no fueron un fracaso. Fueron pasos en el progreso del plan redentor de Dios para la humanidad caída. Por eso, Israel no está olvidado del plan de Dios del tiempo del fin. Tal vez haya un orgullo espiritual en pensar y enseñar que Dios le ha dado su espalda a Israel, por su desobediencia, y que ahora “nosotros la iglesia” somos el cumplimiento completo de las profecías del tiempo del fin sobre Israel. Pero la exactitud detallada de la profecía ya cumplida nos asegura que podemos tomar la Palabra de Dios literalmente. No necesitamos explicar lo que imaginamos que no va a ocurrir. Sostenemos la fuerte confesión de fe en la Palabra inspirada por Dios. Dios lo dijo, yo lo creo. ¡Eso es suficiente para mí! ¡Espero que también lo sea para usted!